lunes, 7 de enero de 2019

Por una escuela inclusiva


¿Alguna vez habéis oído hablar de la escuela inclusiva? Tal vez habréis escuchado que una escuela inclusiva es aquella en la que participan niños y niñas con discapacidad en la escuela común o etiquetados “con necesidades educativas especiales”.  No obstante, con este concepto estaríamos haciendo referencia a la integración educativa y no a la inclusión.


¿Mejor ahora?

Cuando hablamos de educación inclusiva, hablamos de algo mucho más amplio que la integración. Partimos de un supuesto diferente, ya que está relacionado con la naturaleza misma de la educación “ordinaria” y de la escuela común. Por lo tanto, la escuela inclusiva implica que todos los niños y niñas de una comunidad concreta aprendan de forma simultánea y de igual forma, independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan una discapacidad. Por ende, en este modelo de escuela se eliminan los “requisitos de entrada” o los mecanismos de selección o discriminación que tan común son en nuestra sociedad. Así, se hacen realmente efectivos los derechos a la educación, a la igualdad de oportunidades y a la participación.

¿Qué veis?

Pues bien, si queréis escuchar un ejemplo vivo de superación, os hablaré de Rafael Calderón. Rafael es una persona más, a pesar de que resaltemos que tiene síndrome de Down. Para él, eso es solo una etiqueta sin importancia. En el caso de Rafael, como en la mayoría de todas aquellas familias que tienen un hijo con alguna “necesidad educativa especial”, se encontraron frente a frente con la escuela excluyente. Fue en la etapa de ESO cuando empezaron a escuchar a los docentes decir que Rafael ya no podía seguir aprendiendo. Pero no aceptaron esta respuesta, ya que sabían que la raíz del problema estaba en el sistema educativo. Fue entonces cuando la música apareció en su vida. 

¿Qué diferencias veis entre Rafael y Chet Baker? 

Rafael, como uno más, terminó la ESO, el Bachillerato y los diez cursos de los Grados Elemental y Profesional de Música. Por lo tanto, se le entregó la Medalla de Oro al Mérito en la Educación en Andalucía, la Mención a las Artes de la Fundación Universia y el Premio del Día Mundial Síndrome de Down. No obstante, para él, estos premios no son importantes. Lo que realmente es de vital importancia para él, es que ha podido alcanzar una meta. Su experiencia es un argumento vivo que, cuestionando las prácticas escolares, nos invita a rebelarnos y a transformar la escuela para que sea realmente inclusiva.

Para que podáis vivenciar mejor esta experiencia, os dejo el enlace de un documental que se realizó sobre Rafael: "Yo soy uno más. Notas a contratiempo".


Espero que os guste followers y que podáis ver la poca importancia que se le da a la escuela inclusiva hoy en día.

Entrada realizada por: Pablo Muñoz de Hoyos








1 comentario:

  1. Muy buena entrada Pablo y me gusta mucho el documental de Rafa. Como bien dice él, es como todos los demás simplemente que aprende un poquito más lento. También interesante como diferencias entre la educación de integración y la de inclusión. Desde luego todos soñamos con una educación de inclusión, aunque también creo que es necesario más recursos, por ejemplo más profesores auxiliares. Thank you!

    ResponderEliminar

Una lección para todos

¡Buenas tardes followers! En el día de hoy me gustaría contaros una cosa sobre mí, lo cual creo que puede ayudarnos a introducirnos me...