¿Alguna vez habéis oído hablar
de la escuela inclusiva? Tal vez habréis escuchado que una escuela inclusiva es
aquella en la que participan niños y niñas con discapacidad en la escuela común
o etiquetados “con necesidades educativas especiales”. No obstante, con este concepto estaríamos
haciendo referencia a la integración educativa y no a la inclusión.
¿Mejor
ahora?
Cuando hablamos de educación
inclusiva, hablamos de algo mucho más amplio que la integración. Partimos de un
supuesto diferente, ya que está relacionado con la naturaleza misma de la
educación “ordinaria” y de la escuela común. Por lo tanto, la escuela inclusiva
implica que todos los niños y niñas de una comunidad concreta aprendan de forma
simultánea y de igual forma, independientemente de sus condiciones personales,
sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan una discapacidad. Por
ende, en este modelo de escuela se eliminan los “requisitos de entrada” o los
mecanismos de selección o discriminación que tan común son en nuestra sociedad.
Así, se hacen realmente efectivos los derechos a la educación, a la igualdad de
oportunidades y a la participación.
¿Qué veis?
Pues bien, si queréis escuchar un
ejemplo vivo de superación, os hablaré de Rafael Calderón. Rafael es una
persona más, a pesar de que resaltemos que tiene síndrome de Down. Para él, eso
es solo una etiqueta sin importancia. En el caso de Rafael, como en la mayoría
de todas aquellas familias que tienen un hijo con alguna “necesidad educativa
especial”, se encontraron frente a frente con la escuela excluyente. Fue en la etapa
de ESO cuando empezaron a escuchar a los docentes decir que Rafael ya no podía
seguir aprendiendo. Pero no aceptaron esta respuesta, ya que sabían que la raíz
del problema estaba en el sistema educativo. Fue entonces cuando la música
apareció en su vida.
¿Qué diferencias veis entre Rafael y Chet Baker?
Rafael, como uno más, terminó la
ESO, el Bachillerato y los diez cursos de los Grados Elemental y Profesional de
Música. Por lo tanto, se le entregó la Medalla de Oro al Mérito en la Educación
en Andalucía, la Mención a las Artes de la Fundación Universia y el Premio del
Día Mundial Síndrome de Down. No obstante, para él, estos premios no son
importantes. Lo que realmente es de vital importancia para él, es que ha podido
alcanzar una meta. Su experiencia es un argumento vivo que, cuestionando las
prácticas escolares, nos invita a rebelarnos y a transformar la escuela para
que sea realmente inclusiva.
Para que podáis vivenciar mejor
esta experiencia, os dejo el enlace de un documental que se realizó sobre
Rafael: "Yo soy uno más. Notas a contratiempo".
Espero que os guste followers y que podáis
ver la poca importancia que se le da a la escuela inclusiva hoy en día.
Entrada realizada por: Pablo Muñoz de Hoyos
Entrada realizada por: Pablo Muñoz de Hoyos



Muy buena entrada Pablo y me gusta mucho el documental de Rafa. Como bien dice él, es como todos los demás simplemente que aprende un poquito más lento. También interesante como diferencias entre la educación de integración y la de inclusión. Desde luego todos soñamos con una educación de inclusión, aunque también creo que es necesario más recursos, por ejemplo más profesores auxiliares. Thank you!
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